Mi justificación fue que él, en mi lugar, hubiese hecho lo mismo.
Cómo poder transforman a un hdp en un ser completamente sensible, vulnerable a la luz de una mujer. Es un respiro al alma, un aliento al corazón.
El recuerdo de la primera reunión se desvaneció. Poco importaba lo que hacía para caer bien, para parecer más vivo, para vender humo. Entre líneas abría su corazón, para ella, para él, para mí. Se puede encontrar el camino, por más perdido que uno esté. Se puede hacer de lo negro, un halo de luz
que enceguece entre tanta oscuridad.
Sabía que no podía decir nada, que no podía develar lo que había leído, lo que había visto, que lo estaba conociendo y esa persona me gustaba mucho más que el personaje que juega a ser cada vez que abre la puerta de la oficina, cada vez que habla y le saca una sonrisa a todo el mundo.
Se ganó mi respeto. No siendo la persona que es siempre, el ganador, the boss, sino siendo esa persona que abre el corazón frente a una computadora que no pone freno a lo que las teclas guían, que no juzga ni se burla de lo que queda guardado, quizás sin salir a la luz, como lo hago yo.
¿Y si vuelvo a soñarte,
si vuelvo a encontrarte en mi camino o
a pensarte cuando me encuentran minutos en silencio?
¿Y si te aparecés de la nada y me movés todo?
Me movés todo.
¿Y si me abrís la puerta y me invitás a pasar cuando YO quiera?
¿Qué hago?
Preocuparme por el tiempo sería en vano.
Lo pasado y presente se mezclan como los ingredientes de una torta
y se elevan, cada vez más, en mi cabeza, en mis pasos, en todos lados.
Quiero posar mi oreja sobre mi pecho y escuchar que dice...
Porque lo que dicta el cerebro, con vos, nunca coincide en cuestiones del corazón.
Pensar en la primera impresión me hace cuestionarme cómo llegué acá,
a este punto.
Estar pendiente de una mirada, de un gesto, de conversaciones irrelevantes que busco transformar en declaraciones de amor.
Lo espío desde la ventana y lo busco entre los sueño.
Miradas fugaces que no dejan una respuesta a la pregunta que jamás voy a formular en palabras.
Un momento al día, sólo eso. Quizás dos.
Sí, lo se, el día a día, nueve horas.
No es lo más brillante que hice, tampoco lo más idiota.
Pero es siempre lo mismo.
Yo lo miro, lo busco, lo descubro entre los comentarios ajenos.
Detrás mío, no atrás mío. Así estamos ahora, y yo sigo haciéndome lo mismo.
No me desees, eso dejámelo a mí.
Vos sólo conquistame.
Recuerdo a Platero con su pelaje blanco; la repisa en la cual se encontraba; el olor a espera de alguien que lo sacara de ahí. La ventana que daba al jardín que regaba siempre con una de mis mallas enterizas y los pies descalzos…
Amaba ese jardín que parecía inmenso; las uvas más oscuras y dulces
que comí en mi vida, que siempre para arrancarlas de la parra tenía que subirme a la mesa del jardín y, aun así, pararme en puntas de pie porque no las alcanzaba.
Recuerdo sus caricias mientras me peinaba y ataba la cinta de Minie que tanto me gustaba; sus finos y enrulados pelos, cortitos y rojizos; peinarla yo, después de ella. Sus vestidos floreados, hasta las rodillas; sus piernas, carentes de tobillos, casi siempre sobre una silla.
Los deditos encimados me causaban gracias, e intentaba, inútilmente, separarlos mientras ella me observaba detrás de sus anteojos redondos.
Recuerdo la última, y, una de las pocas veces que sentí el amor de mi abuelo. Preguntó quién era esa muchachita que estaba a su lado y, cuando le comentaron que era su nieta, dijo: “¡qué hermosa nieta que tengo!” tocándome el brazo y regalándome una sonrisa.
Recuerdo esos momentos y espero jamás olvidarlos. Esa sensación de estar en otro mundo. Donde el reloj no marcaba las horas, sino familiares,
y las doce eran un abuelo y abuela a horas de empezar una hermosa familia.
Aclara su voz y me dice seguro –Euge, sabés que soy inevitable en tu vida; sabés que si das ese paso, yo estaré acá por mucho tiempo. Vas a seguir adelante y yo te chistaré, de cuando en vez, y te diré lo que no querés, pero sabés que va a pasar…–
Yo lo escucho con un nudo en la garganta. Tantas veces me jugó una mala pasada, y , después de mucho tiempo, volvió a plantearme cosas sin una simple solución.
Sin embargo Él está lejos, pero su olor junto a mí. Seguir adelante implica poder tener mucho más: su sonrisa, sus brazos, su mirada tímida… Aunque también puede significar perder hasta el sólo hecho de verlo, porque la vergüenza no me dejaría entrar en su casa.
Hoy es el día para frenar todo, para dejar las cosas como están… la cama tendida, los pequeños lindos comentarios y el esbozo de empezar a conocernos.