Y se dio cuenta que todo pasa por algún motivo.
Ella, ante la situación, se refugiaba en él, en sus palabras, en sus caricias
y gestos que antes evitaba, que aceptaba sin darles importancia.
Hoy es otra mujer la que recibe su amor..., con lo feo que suena decirlo así, pero con lo lindo que debe ser.
Quien sigue sus caprichos sin cuestionarlo como lo hacía ella.
Quien realmente se abre ante él, y puede tenerlo plenamente.
Se dio cuenta que por algo la vida da las vueltas que da,
y que si no lo aprende hoy, jamás podrá.
Y que los golpes de la vida golpearán más y más fuerte,
antes de que aprenda a amar.
Siete meses atrás, estaba conociendo a un hombre que hablaba de su ex
y se sacaba la zapatilla para probarse el zapato de su amiga.
Siente meses atrás, le preguntaban por alguien de quien lo único que conocía era su nombre, y hasta ahí.
Siete meses atrás, ni se hubiese imaginado que siete meses después,
estaría viéndolo tirarle un beso con el corazón.
Ella abre la puerta del balcón, y se aferra a su cuello
como si tuviese miedo de caerse.
Él la sostiene con el brazo derecho; no intenta apartarla, no quiere hacerlo.
Y ella lo observa, calmado, seguro; no entiende cómo no duda.
Él le intenta dar un beso en el cuello, y es el motivo por el cual
ella se aparta y sale corriendo.
Aún le queda medio cigarrillo y es una buena excusa para darle tiempo,
para que lo desee, para que quiera que la vaya a buscar.
Siempre fue el otro el que no se animaba.
Siempre fue el otro el de la culpa, el que no quería avanzaba.
Ella, a quien nadie llegó a tratarla así, a quererla así -o al menos
en algo más que lo que dura un sueño-, hoy, es la que le huye al compromiso…
No es tiempo de intentarlo.
No es tiempo de hacer lo que te pido, porque no quiero pedírtelo.
Quiero que nazca de vos, de tus adentros.
Quiero que me veas y quieras abrazarme.
Se que no es fácil tratar conmigo.
Se que no soy fácil.
Pero tampoco soy imposible, y eso lo tendrías que saber.
Quiero y no quiero.
Quería y ya no más.
O quizás nunca lo quise,
y sólo me mentía haciéndome creer que era lo que quería
porque era lo que había.
Qué sentido tiene ponerse a pensar eso ahora.
Ni que vaya a cambiar algo.
Y que me abraces y me beses, hoy,
cuando te cuento lo que no te conté desde que nos encontramos hace meses,
no tiene sentido.
Se fue.
Ya no está.
No luches contra eso.
No quieras que cambie de parecer.
No le busques un por qué más allá del que te estoy dando,
porque ya bastante me cuesta ponerlo en palabras,
como para que busques un trasfondo en otro lado.
Murió.
Y era hora de que me saque las vendas de los ojos.
¿Y si vuelvo a soñarte,
si vuelvo a encontrarte en mi camino o
a pensarte cuando me encuentran minutos en silencio?
¿Y si te aparecés de la nada y me movés todo?
Me movés todo.
¿Y si me abrís la puerta y me invitás a pasar cuando YO quiera?
¿Qué hago?
Preocuparme por el tiempo sería en vano.
Lo pasado y presente se mezclan como los ingredientes de una torta
y se elevan, cada vez más, en mi cabeza, en mis pasos, en todos lados.
Quiero posar mi oreja sobre mi pecho y escuchar que dice...
Porque lo que dicta el cerebro, con vos, nunca coincide en cuestiones del corazón.
Pensar en la primera impresión me hace cuestionarme cómo llegué acá,
a este punto.
Estar pendiente de una mirada, de un gesto, de conversaciones irrelevantes que busco transformar en declaraciones de amor.
Lo espío desde la ventana y lo busco entre los sueño.
Miradas fugaces que no dejan una respuesta a la pregunta que jamás voy a formular en palabras.
Un momento al día, sólo eso. Quizás dos.
Sí, lo se, el día a día, nueve horas.
No es lo más brillante que hice, tampoco lo más idiota.
Pero es siempre lo mismo.
Yo lo miro, lo busco, lo descubro entre los comentarios ajenos.
Detrás mío, no atrás mío. Así estamos ahora, y yo sigo haciéndome lo mismo.
No me desees, eso dejámelo a mí.
Vos sólo conquistame.
Y en aquel segundo en que me llamó con la mano, el presente tomó otro rumbo. Así como di la vuelta y el camino se invirtió, también lo hizo mi cuore dos días después, cuando el despertar pintaba una sonrisa en mi rostro.
Ahora entiendo el por qué de muchos momentos; decisiones de abandonar el barco y no zarpar con alguien que no me cerraba.
Esperaba que fuera bueno, que pudiéramos ser amigos antes que nada, antes que todo. Pero el todo fue más grande y más lindo… Y terminó siendo una suerte lo que dos días atrás había sido un muy mal momento.
“La primera imagen que tengo de vos es toda chiquitita, con cara de susto viniendo hacia nosotros”, dijo él.
“La primera imagen que tengo de vos, es lo que espero que seas siempre para mí: un refugio”, me dije yo, mientras lo seguía observando al otro lado de la mesa del bar.
Sí, las cosas resultaron más que buenas, mágicas. Pero así como todo en el mundo real, la magia no dura para siempre.
Las cosas se pusieron más difíciles y sabes que sí… Y aunque no vivimos una aventura como Thelma y Louis, lo que vivimos fue aún mejor. Es lo que me llevo de todo esto.
Te dejo miradas color caramelo; besos de almohadas compartidas; secretos dichos al oído; mensajes de mi parte más Lidia.
Me guardo Girondo de tu boca; panqueques con limón y azúcar; estrellas mironas; cuadra, circo y librería con tu nombre, tu olor, tu sonrisa.
Este es mi intento de despedida... No muy seguro esta noche que te pensó tanto, pero por lo menos intento.
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Porque no estás acá; porque no me llamás. Porque no escucho más que los mismos cuestionamientos, y digo cada vez menos al respecto. Porque tu sonrisa me encanta, pero la disfruto de a ratos y no logro retenerlas más que unas horas.
Porque tengo miedo, no quiero quererte.
Hoy me lo decía y lo entendía. Ese deseo tiene que ser el fuerte.
Porque si te quiero voy a sufrir tus ausencias. Voy a odiar esas pestañas hermosas, que ya no me mirar dos veces a la semana. Voy a desearte sólo a vos, y algunas salidas ya no tendrán sentido.
No quiero quererte.
Porque pensaría cuan mágico y simple podría ser todo; lo bien que te llevarías con alguna de mis amigas y con mi viejo… se que le agradarías a mi viejo.
No quiero quererte.
Porque vos estás más lejos que yo de hacerlo. Porque tu cabeza está ocupada con otras cosas, y seguís dando vuelta sobre un trapecio.
Hoy no quiero quererte porque me da fiaca; porque no estoy para dramas.
Aún no quiero quererte… Pero quiero que eso cambie.
No necesitaron una cena a la luz de las velas, ni un buen vino. No necesitaron bailar aquella canción que sonaba tan bien, sólo escucharla en silencio. No necesitaron que fuera más tarde o más temprano, conocerse de toda la vida o sólo desde hace un mes. No necesitaron afrodisiaco alguno, ni siquiera un colchón.
Bastó con ver aquel cielo inmenso de nubes pasajeras. Con una caricia a través de sus pechos y la sombra de aquel árbol que se reflejaba sobre ellos. Bastó con estar en el mismo lugar, a la misma hora, y no pensar en el después. Bastó con ser sinceros y desearse el uno al otro.
Los globos de helio que habían colgado de esas T de hierro que no tenían otra función lógica que amarrarlos para que no se volaran, comenzaron a despegar la casa de la tierra y llevarla cada vez más alto, para que las estrellas mironas pudieran observar todo de cerca.
Aquel que creía sólo en lo que veía, ni aún así creyó real lo que pasaba a través de su ventilla mientras el tren hacía uno de sus viajes nocturnos. Viaje que no los interrumpiría por más ruido que hiciera sobre las vías… Porque ellos estaban sumergidos en su sueño. Bien despiertos.
Una ventana que se abre. El viento que se cuela entre las sabanas. La cabeza está limpia de culpas. El alma quiere escaparse y aun dormida intento refugiarme entre tus brazos. Los recuerdos de la noche anterior caen con efecto dominó y yo ignoro tu nombre.
Las puertas del ascensor anuncian que ya no estás. Un salud susurrado al oído fue lo ultimo que dijiste, y quizás lo único.
Otro estornudo e idiotamente tiendo a cerrar la cortina y a pensar que no fue sólo una noche, que con vos seguirán mañanas.
La cama me quedaba grande. Acurrucada en el centro, abrazada a la almohada, los párpados caían y no me permitían seguir pensando en el vacío de lo que nunca llega, pero que siempre va cambiando….
Fue ese regalo que esperé en cada cumpleaños; ese beso jugando a la botellita; esas tetas talle 90 que en mi imaginación me lucían tan bien.
Fue ese mundo en el cual mi vieja no podía entrar, donde era feliz estando sola, hablando conmigo por horas sin que nadie me observara.
Fue una segunda oportunidad y el retorno de una amistad. Fue muchas cosas y fue cambiando.
Hoy siento que no hay muchas cosas que no dependa de mí conseguirlas, pero las que aún no llegan son esas mariposas en tu ombligo, que afloran de tus sentimientos; son esas lágrimas que dejan de ser solitarias y pasan a ser de alegría.
Son esas manos que me agarran fuerte para que no lo suelte, porque quieren tenerme siempre cerca… ya que por fin llegué.
Aquel cielo azul era verde, como pocos. Vos estabas tirado en el pasto que no era verde, sino azul como ninguno. Yo estaba sobre el árbol que era hamaca.
Me preguntaste que te dije y te dije: “no te dije, pero te lo digo…” y solté un sinfín de palabras sin sentido, porque total, no me estabas escuchando.
Te lo dije, “Quiero que no dejes de soñarme…y si algún día lo dejás de hacer, quiero que me digas buenas noches y no vuelvas nunca. No soportaría las palabras que sobrevienen a una despedida como esa”.
Vos dijiste: “volvamos a casa…” y fue ahí cuando las nubes se volvieron rojas y comenzó a llover syrah.
Me tiré a tu lado y te dije “¿qué me dijiste?”. Vos empezaste a reír y a decir cosas que no pude escuchar… La lluvia era más fuerte y me perdí entre tus ojos oscuros y chiquitos.