Y se dio cuenta que todo pasa por algún motivo.
Ella, ante la situación, se refugiaba en él, en sus palabras, en sus caricias
y gestos que antes evitaba, que aceptaba sin darles importancia.
Hoy es otra mujer la que recibe su amor..., con lo feo que suena decirlo así, pero con lo lindo que debe ser.
Quien sigue sus caprichos sin cuestionarlo como lo hacía ella.
Quien realmente se abre ante él, y puede tenerlo plenamente.
Se dio cuenta que por algo la vida da las vueltas que da,
y que si no lo aprende hoy, jamás podrá.
Y que los golpes de la vida golpearán más y más fuerte,
antes de que aprenda a amar.
Aquello que había ocurrido unos años atrás, que había quedado grabado
y que más de uno recordaba como “una linda historia de un amor”,
no se repetía del otro lado de la calle.
Sin el héroe al cual acudir, sin su mano llamándome para que me refugie
en sus brazos, estaba sola y el corazón comenzaba a palpitar a mil.
Sabía que se iban a acercar, como aquella vez, “un flaco y un pendejo”,
y que me iban a poner contra la pared.
Del ese lado de la calle, y luego de algunos años, era otra.
No necesité del héroe, ni ese día ni al siguiente.
No lo necesité para correr, para gritar, para vivir lo que toque.
Del otro lado de la calle, una vez superado el mal trago, una vez espantados los hijosdeputa, me tenía a mí misma, sin buscar la otra mitad de nada. Entera.
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- Creí en tus palabras.
- Sé que lo hiciste y aún hoy te lo agradezco.
- ¿El creerte?
- El seguir a mi lado más allá de tu miedo.
- ¿Acaso lo puedo evitar?
- Podrías vivir sin aceptarlo.
- No es eso lo que no acepto.
- ¿Es el miedo a estar sola?
- A seguir sola.
- Seguís sin ver muchas cosas...
- ¿Por qué me cuesta tanto?
- Porque así lo querés, así te funciona…creyendo que no funciona.
- Mi miedo sigue ahí.
- Él no se va a ir, vos lo tenés que olvidar.
- ¿Y mi deseo?
- Ese nunca lo olvides.
- Hoy hay otro eclipse...
- Pedí nuestro deseo.
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No es tiempo de intentarlo.
No es tiempo de hacer lo que te pido, porque no quiero pedírtelo.
Quiero que nazca de vos, de tus adentros.
Quiero que me veas y quieras abrazarme.
Se que no es fácil tratar conmigo.
Se que no soy fácil.
Pero tampoco soy imposible, y eso lo tendrías que saber.
Quiero y no quiero.
Quería y ya no más.
O quizás nunca lo quise,
y sólo me mentía haciéndome creer que era lo que quería
porque era lo que había.
Qué sentido tiene ponerse a pensar eso ahora.
Ni que vaya a cambiar algo.
Y que me abraces y me beses, hoy,
cuando te cuento lo que no te conté desde que nos encontramos hace meses,
no tiene sentido.
Se fue.
Ya no está.
No luches contra eso.
No quieras que cambie de parecer.
No le busques un por qué más allá del que te estoy dando,
porque ya bastante me cuesta ponerlo en palabras,
como para que busques un trasfondo en otro lado.
Murió.
Y era hora de que me saque las vendas de los ojos.
Mi justificación fue que él, en mi lugar, hubiese hecho lo mismo.
Cómo poder transforman a un hdp en un ser completamente sensible, vulnerable a la luz de una mujer. Es un respiro al alma, un aliento al corazón.
El recuerdo de la primera reunión se desvaneció. Poco importaba lo que hacía para caer bien, para parecer más vivo, para vender humo. Entre líneas abría su corazón, para ella, para él, para mí. Se puede encontrar el camino, por más perdido que uno esté. Se puede hacer de lo negro, un halo de luz
que enceguece entre tanta oscuridad.
Sabía que no podía decir nada, que no podía develar lo que había leído, lo que había visto, que lo estaba conociendo y esa persona me gustaba mucho más que el personaje que juega a ser cada vez que abre la puerta de la oficina, cada vez que habla y le saca una sonrisa a todo el mundo.
Se ganó mi respeto. No siendo la persona que es siempre, el ganador, the boss, sino siendo esa persona que abre el corazón frente a una computadora que no pone freno a lo que las teclas guían, que no juzga ni se burla de lo que queda guardado, quizás sin salir a la luz, como lo hago yo.
¿Y si vuelvo a soñarte,
si vuelvo a encontrarte en mi camino o
a pensarte cuando me encuentran minutos en silencio?
¿Y si te aparecés de la nada y me movés todo?
Me movés todo.
¿Y si me abrís la puerta y me invitás a pasar cuando YO quiera?
¿Qué hago?
Preocuparme por el tiempo sería en vano.
Lo pasado y presente se mezclan como los ingredientes de una torta
y se elevan, cada vez más, en mi cabeza, en mis pasos, en todos lados.
Quiero posar mi oreja sobre mi pecho y escuchar que dice...
Porque lo que dicta el cerebro, con vos, nunca coincide en cuestiones del corazón.
Aclara su voz y me dice seguro –Euge, sabés que soy inevitable en tu vida; sabés que si das ese paso, yo estaré acá por mucho tiempo. Vas a seguir adelante y yo te chistaré, de cuando en vez, y te diré lo que no querés, pero sabés que va a pasar…–
Yo lo escucho con un nudo en la garganta. Tantas veces me jugó una mala pasada, y , después de mucho tiempo, volvió a plantearme cosas sin una simple solución.
Sin embargo Él está lejos, pero su olor junto a mí. Seguir adelante implica poder tener mucho más: su sonrisa, sus brazos, su mirada tímida… Aunque también puede significar perder hasta el sólo hecho de verlo, porque la vergüenza no me dejaría entrar en su casa.
Hoy es el día para frenar todo, para dejar las cosas como están… la cama tendida, los pequeños lindos comentarios y el esbozo de empezar a conocernos.
El cielo dejaba caer toda su furia… pero sobre ella parecía resbalar.
Caminaba sin rumbo; la gente la miraba extrañada por su calma en medio de tanta prisa.
Pensaba en el silencio que, días como ese, traen a las calles de Buenos Aires.
Un viejito, al otro lado de la calle, esperaba a que el semáforo cortara para verla más de cerca.
Ella sin percibirlo, cruzó tiempo después de tener paso.
“¿Está bien, señorita?”, le preguntó sosteniendo el paraguas en lo alto para poder cubrirla.
Ella se tomó un instante para responder, y con una sonrisa culposa contestó: “me temo que no…”
Él sacó un pañuelo para que secara su rostro empapado entre gotas y lágrimas. La acompaño en silencio, escuchando, atentamente, cada palabra que salía de su boca, observando cada gesto que hacía al explayarse en su relato.
Ella se dejó acompañar, y compartir un poco de su mal.
Otro semáforo los detuvo.
Él cerró el paraguas y le dijo: “así como la lluvia, todo pasa, niña. Lo importante, es no dejar pasar la vida”.
Las tormentas limpian las veredas sucias de la ciudad.
Se habla de políticos rotando cargos; de un gobierno perdiendo poder.
Se da asueto para algunos; se toman medidas para con los otros.
Se deja de hablar del dengue; se contagia la paranoia.
Se cree que estamos cada vez peor; se cree que aún no tocamos fondo.
Pero la noticia que me resuena en la cabeza –y más profundo– no es la que aparece en el noticiero ni la de los diarios. Te vieron por ahí. Es eso lo que mueve el tablero.
Seré egoísta y diré que: quiero que me saque una sonrisa por la calle y que la pueda ver sin que esté escondida detrás de un barbijo; que en algún café me pidan permiso para sentarse a mi lado; que me abracen fuerte, y que sea por eso que sienta que me falta el aire, y contagiar la risa, de esa que te hace doler la panza y que no sabés con qué pretexto empezó.
Una simple pregunta y con infinidad de respuestas.
Éramos cinco personas, y ninguna se acercó a la otra. "El trabajo", "mi novia", "el estudio"…
“Cumplir con mis responsabilidades” fue una de las que llamó mi atención. Quizás por la palabra CUMPLIR, quizás por RESPONSABILIDADES.. o tan sólo por la forma tan poco efusiva y feliz de cómo se dijo, que me llevó a pensar que era la respuesta más patética y mediocre que podía escuchar. No sé. Otra perspectiva de la vida.
No quise ahondar el aquella respuesta por temor a confirmar mis sospechas de infelicidad de la persona, y porque al mismo tiempo que la juzgaba, me juzgaba a mi misma por hacerlo! Al fin de cuentas, ¿quién me ha dicho que tengo la respuesta de lo que es o no felicidad?
Por mi parte, lo que es Hoy mi felicidad, pasa por mi familia, mis amigas y contados amigos; por mates a la tarde, cocinas en la noche y desayunos de madrugada.
Y me pone aún más feliz ver que lo que hay, no es muy distinto a lo que hubo ayer, y por lo cual me demuestra que voy por buen camino para un mañana.
¿Completamente feliz? Estoy lejos de serlo, pero así…
Y en aquel segundo en que me llamó con la mano, el presente tomó otro rumbo. Así como di la vuelta y el camino se invirtió, también lo hizo mi cuore dos días después, cuando el despertar pintaba una sonrisa en mi rostro.
Ahora entiendo el por qué de muchos momentos; decisiones de abandonar el barco y no zarpar con alguien que no me cerraba.
Esperaba que fuera bueno, que pudiéramos ser amigos antes que nada, antes que todo. Pero el todo fue más grande y más lindo… Y terminó siendo una suerte lo que dos días atrás había sido un muy mal momento.
“La primera imagen que tengo de vos es toda chiquitita, con cara de susto viniendo hacia nosotros”, dijo él.
“La primera imagen que tengo de vos, es lo que espero que seas siempre para mí: un refugio”, me dije yo, mientras lo seguía observando al otro lado de la mesa del bar.
Sí, las cosas resultaron más que buenas, mágicas. Pero así como todo en el mundo real, la magia no dura para siempre.
Las cosas se pusieron más difíciles y sabes que sí… Y aunque no vivimos una aventura como Thelma y Louis, lo que vivimos fue aún mejor. Es lo que me llevo de todo esto.
Te dejo miradas color caramelo; besos de almohadas compartidas; secretos dichos al oído; mensajes de mi parte más Lidia.
Me guardo Girondo de tu boca; panqueques con limón y azúcar; estrellas mironas; cuadra, circo y librería con tu nombre, tu olor, tu sonrisa.
Este es mi intento de despedida... No muy seguro esta noche que te pensó tanto, pero por lo menos intento.
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